4. ¿Hasta qué punto la escasez de agua en Almería es un problema de distribución temporal más que de volumen?

Nota sobre autoría: Este artículo ha sido investigado, estructurado y escrito por el autor. La inteligencia artificial se ha utilizado únicamente como apoyo para la traducción al español y la generación de algunas imágenes ilustrativas. Todo el contenido y las conclusiones han sido revisados y son responsabilidad del autor.

El volumen y la intensidad de las precipitaciones en la provincia de Almería pueden llegar a ser mortales en determinadas ocasiones, en un país donde el 6,9 % de la población vive en zonas expuestas a inundaciones, según el estudio Characterization of extreme flash floods in Mediterranean Spain.

A pesar de ello, este año se ha vuelto a autorizar el suministro de agua desde el embalse del Negratín, lo que indica que el volumen de agua almacenado localmente no será suficiente para mantener los cultivos agrícolas hasta la cosecha (El Negratín volverá a enviar agua a Almería tras casi cinco años).

Por tanto, la pregunta «¿Hasta qué punto la escasez de agua en Los Menas es un problema de distribución temporal más que de volumen?» resulta pertinente.

A continuación expongo por qué considero que el problema surge de una combinación entre los niveles de precipitación, la cantidad y concentración de esas precipitaciones a lo largo del año, las condiciones de la superficie sobre la que cae el agua y las consecuencias de la interacción entre todos estos factores.

Niveles de precipitación

La zona recibe pocas precipitaciones de media debido a su geografía, al encontrarse en la sombra pluviométrica de la Sierra de los Filabres y situada tierra adentro con respecto al mar.

Unas precipitaciones anuales de aproximadamente 300 mm sitúan el territorio dentro de condiciones semiáridas, próximas a la aridez, y favorecen una fuerte dependencia del bombeo de aguas subterráneas y de la importación de agua desde regiones más húmedas situadas al norte y oeste del país.

Concentración de las precipitaciones a lo largo del tiempo

Si consideramos el valle del Almanzora y Almería únicamente a partir de sus niveles de precipitación —aproximadamente 300 mm al año (Average Monthly Rainfall in Huércal-Overa | Rainfall Graphs)—, podría incluso resultar ventajoso disponer de ciclos húmedos y secos en lugar de que toda la lluvia anual estuviera distribuida uniformemente durante el año, aunque no con los extremos que experimentamos actualmente.

Si las precipitaciones estuvieran repartidas por igual durante todo el año, podría ocurrir que nunca se acumulara suficiente agua de una sola vez para saturar completamente el terreno y permitir que esta descendiera hasta profundidades útiles para la recarga de las aguas subterráneas antes de que el sol y los vientos cálidos y secos favorecieran su evaporación.

La vegetación de la región está adaptada a condiciones semiáridas y, por tanto, se beneficia de los ciclos naturales de humedad y sequía característicos del clima mediterráneo.

Hidrograma que muestra el caudal de un río durante una tormenta en una cuenca de rambla, comparado con el de un río perenne.

Un hidrograma de la zona representa el caudal del agua a lo largo del tiempo, mientras que un hietograma muestra la precipitación producida durante un episodio de tormenta.

Si combinamos ambos y representamos también el caudal del río, el comportamiento típico mostraría un caudal de base extremadamente bajo, seguido de un rápido aumento de la precipitación durante un corto periodo de tiempo. Este incremento da lugar a la llamada rama ascendente del hidrograma, seguida posteriormente por un elevado pico de avenida.

Existe un cierto tiempo de retraso entre las precipitaciones y el pico de caudal. Este tiempo representa lo que tarda la escorrentía en desplazarse por la cuenca y llegar al cauce principal.

La duración de ese desfase está condicionada por factores como el coeficiente de escorrentía, la gravedad, la forma de las redes de drenaje del paisaje, la composición y textura del suelo, la rugosidad superficial y el contenido previo de humedad del suelo antes de producirse la tormenta.

Posteriormente, el caudal disminuye de forma más gradual conforme retrocede la inundación, formando la denominada rama de recesión, hasta regresar progresivamente al caudal de base.

Ejemplo de un hietograma del mismo río durante un episodio de avenida súbita provocado por una tormenta.

En una situación ideal, si toda la precipitación pudiera almacenarse en cisternas y depósitos subterráneos, las partículas suspendidas podrían sedimentarse antes de utilizar posteriormente esa agua para el riego durante los periodos secos del año.

Si la misma cantidad de agua almacenada se liberara lentamente y de forma controlada mediante un sistema eficiente, como el riego por goteo en lugar de inundar los campos, y además se aplicara sobre terrenos protegidos por cobertura vegetal, esa misma cantidad de agua podría aprovecharse durante mucho más tiempo.

En términos hipotéticos, este sistema equivaldría a reducir la pendiente pronunciada de la rama de recesión del hidrograma, prolongando la disponibilidad del agua dentro del sistema.

Condiciones de la superficie

Los terrenos desnudos presentan un elevado coeficiente de escorrentía. Esto significa que, cuando llueve, una gran parte del agua no penetra en el suelo, sino que se desplaza rápidamente por la superficie de una manera comparable al agua que circula por una carretera asfaltada hasta alcanzar los sistemas de drenaje.

Los sustratos de arcilla endurecidos por el sol se encuentran entre las superficies más problemáticas en este sentido, mientras que las capas superficiales más arenosas suelen favorecer una infiltración más profunda.

(A review on the prevention and control of flash flood hazards on a global scale: Early warning systems, vulnerability assessment, environmental, and public health burden)

Debido a la ausencia de una capa importante de suelo superficial y al hecho de que el suelo existente suele estar seco como consecuencia de su exposición diaria al sol, la superficie puede volverse hidrófoba y tener una capacidad muy limitada para absorber y retener el agua que recibe.

Si existiera suficiente vegetación u otra resistencia física capaz de ralentizar el flujo del agua y favorecer su infiltración, podría comenzar a desarrollarse progresivamente una capa de suelo más fértil y estructurada.

Sin embargo, en las condiciones actuales esto ocurre de manera limitada.

El polvo, los limos y las partículas más finas son arrastrados hacia las ramblas durante los episodios de lluvia intensa, donde posteriormente quedan depositados y vuelven a endurecerse bajo el sol una vez desaparecen las aguas de avenida.

Vista de Google Maps tomada en mayo, después de la temporada de lluvias, mostrando el potencial de establecimiento de la vegetación antes de la llegada del verano. Puede observarse claramente la ruta que sigue el agua desde las colinas hasta la propia rambla, formando un canal para los rápidos flujos generados durante las tormentas intensas.

Además, gran parte del territorio de la región se cultiva de forma intensiva y no está necesariamente diseñado ni gestionado pensando en el almacenamiento del agua.

Del mismo modo, la urbanización suele favorecer sistemas de drenaje altamente eficientes para evitar daños a los edificios y otras infraestructuras.

En la práctica, esto puede trasladar el problema de las aguas de avenida hacia zonas situadas más abajo en la cuenca.

Estos flujos suelen provocar una fuerte erosión del suelo superficial acumulado y daños importantes en el paisaje. El agua de las inundaciones se trata principalmente como un problema que debe eliminarse, en lugar de como un recurso potencial que podría gestionarse y aprovecharse.

(Butzer-2005-EnviroHistMedWorl - Env History degradations and soil erosion)

La combinación de estos factores

En última instancia, la escasez de agua y la sequía son el resultado de la combinación de los factores anteriores dentro del ciclo anual, aunque los niveles totales de precipitación siguen estableciendo los límites a largo plazo de lo que la región puede sostener.

Cuando una cantidad limitada de precipitación se concentra en episodios de tormentas intensas de corta duración durante aproximadamente cinco meses del año, seguida por una prolongada estación seca característica del clima mediterráneo, y estas condiciones interactúan además con superficies ya degradadas y gestionadas de una manera que continúa deteriorando el paisaje, el resultado deja de parecerse a un ciclo hidrológico equilibrado.

En su lugar, puede aparecer una espiral descendente hacia un nuevo estado de equilibrio ambiental que quizá la región todavía no haya experimentado plenamente.

Cada ciclo anual puede provocar mayores daños, una erosión más profunda, mayores impactos provocados por las inundaciones y una disminución progresiva de la fertilidad y productividad del territorio.

Este proceso se ve además agravado por el cambio climático, empujando a la población de la región hacia una dependencia cada vez mayor de soluciones tecnológicas para mantener los niveles actuales de actividad económica o continuar persiguiendo el crecimiento.

Mi conclusión es que, lamentablemente, esta espiral difícilmente podrá detenerse y revertirse a menos que se comiencen a aplicar cuanto antes intervenciones hidrológicas capaces de suavizar y prolongar la rama de recesión del hidrograma asociada a estos episodios.

Mediante la instalación progresiva de pequeñas actuaciones —como movimientos de tierra de bajo impacto tanto dentro de las ramblas como en las líneas de drenaje que alimentan estos cauces— podría iniciarse el proceso de reconstrucción de una capa de suelo capaz de comportarse cada vez más como una esponja.

Al mismo tiempo, estas intervenciones podrían distribuir los flujos sobre superficies mayores en puntos estratégicos de la cuenca, reduciendo la concentración y velocidad del agua.

Con el tiempo, la tendencia anual podría primero estabilizarse y posteriormente comenzar a regenerarse, amortiguando la onda de avenida responsable de muchas de las inundaciones catastróficas aguas abajo y transformando parte de esa agua en un recurso útil para el propio territorio.

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5. ¿Por qué las lluvias episódicas provocan tanto inundaciones como sequías en cuencas degradadas como la del río Almanzora?

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3. ¿Cómo influye la hidrología subsuperficial en la disponibilidad de agua superficial en las cuencas mediterráneas semiáridas?